NOTA N°3: "EL NUEVO ROCK CHILENO Y LA TRANSICIÓN EN ENTREDICHO"

La década del ‘90 chilena tuvo como principal característica la vuelta a la democracia liberal después de 17 años de dictadura. Gobernada por dos presidentes democratacristianos, Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, el período se identificó por la búsqueda de consensos que permitieran una transición armónica a la democracia plena, en vista de las patentes condiciones de continuidad que la dictadura de Pinochet había hecho perdurar: la permanencia del dictador como Comandante en Jefe del Ejército y luego su investidura como senador vitalicio, la institución de senadores designados en el Congreso, y la influencia del Consejo de Seguridad Nacional fueron tres ejemplos de aquello. “La democracia de los acuerdos” y “La justicia en la medida de lo posible”, fueron dos slogans que bien pueden identificar a la última década política veintena.

 

Esta situación se dio en un marco internacional donde el fin de los socialismos reales insinuaba una internacionalización del modelo político y económico liberal, conjuntamente con un desarrollo que hacía más accesible la tecnología, ya notoriamente diversificada.

 

Había una apariencia de estabilidad social que bien se explicaba al estar el período inmediatamente anterior tan marcado por las crisis económicas, la coerción y la violación sistemática de los derechos humanos. Mas, al poco andar empezaron a evidenciarse síntomas de una enfermedad que parecía no estar cabalmente curada: la violencia social. El Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, entregado en febrero de 1991, era ciertamente un paso para construir una convivencia efectiva y conciliada, pero los hechos concretos lo inhibieron.

 

Los “poderes fácticos”, afirmación concebida en la década para dar cuenta de los grupos empresariales, prensa como El Mercurio y, sobre todo, las Fuerzas Armadas y de Orden, ejercían su autoridad a través de acciones como el Ejercicio de Enlace, el 19 de diciembre de 1990, o el “Boinazo”, el 28 de mayo de 1993. Las investigaciones financieras, los procesos por violaciones de derechos humanos, y sobre todo la detención de Pinochet en Londres el 16 de octubre de 1998, daban cuenta de que la concertación de intereses en pos de la tranquilidad social, era sumamente frágil.

 

Fritz Demuth, baterista de La Floripondio, señaló en entrevista para este estudio: “no se percibía un cambio muy radical. De hecho seguía estando la figura de Pinochet, seguía estando la presencia de los milicos […] No cachabai mucha diferencia: la gente igual tenía miedo, igual había presión de los milicos. Todavía había mucha gente que se manifestaba abiertamente pinochetista, y más encima era la gente que tenía el poder económico. Como que la Transición, aquí en Villa Alemana al menos, no se percibió como una transición radical”.

 

Bajo estas condiciones, en estos tiempos finiseculares, la música también protestaba. Sin embargo, la sonoridad de raíz folclórica ya no era tan dominante para dar cuenta de denuncia social y compromiso político, como sí lo había sido entre las décadas de 1960 y 1980; la represión dictatorial la había herido, asesinado o exiliado. Los socialismos reales habían colapsado, las contradicciones vigentes no eran las mismas.

 

El sello discográfico Alerce, cuya fundación (1975) y trabajo durante la Dictadura estuvo directamente vinculado al rescate y promoción de la música con sentido social y político, también respondió a los vientos de cambio musical, pues a la Nueva Canción Chilena, Canto Nuevo y Nueva Trova Cubana, se incorporaron nuevas sonoridades que empezaron a presentarse desde la protesta, entre las cuales la irrupción del rap fue significativo.

 

Efectivamente, con un inicio datado por muchos hacia finales de la década de 1980 con el registro independiente y homónimo del grupo DeKiruza (1988) -luego distribuido por Alerce- el rap se abría paso en la cultura musical chilena desde los suburbios, con jóvenes que podían hacer música sin mayores conocimientos artísticos, a través del manejo de tecnología –samplers y cajas de ritmo-  y creatividad lírica expresada en el vocalista-maestro de ceremonias (mc’s, según el concepto angloestadounidense).

 

Panteras Negras, agrupación proveniente de la población Huamachuco de Renca, también fueron un buen ejemplo de esto. Viviana Larrea, directora del sello Alerce desde 1990 hasta nuestros días, recordó en entrevista para esta investigación: “estos chicos vienen a mostrar realidades que no estamos viendo. Vienen a decirnos: ‘¿saben qué? En las poblaciones en Chile está pasando esto”, “nosotros hemos tomado ritmos que a lo mejor no son propiamente chilenos, para decir lo que pasa en Chile”.

 

Pero no sólo el rap: sonidos desde el punk-rock, el hardcore, el reggae, el ska, o el funk hacia los años noventa también se perfilaban como medio de denuncia y protesta. Los espacios de rock donde el pogo y el mosh eran predominantes, también lo eran para protestar y denunciar problemáticas de pobreza, faltas de libertad, corrupción o abusos policiales. De ahí que, junto a Panteras Negras, bandas como Los Miserables, Chancho en Piedra, Los Morton y La Floripondio -entre otras-, formaran parte del proyecto “Nuevo Rock Chileno” un rótulo generado desde Alerce, el cual representó la diversificación del rock hacia fines del siglo XX, y la continuidad de la música con compromiso político en tiempos de Transición.

 

Los Morton, "Cocaína" (Cebator Quat's, Alerce, 1995), Cortesía de Alerce. Video publicado por Emilio Vilches.

 

En ese sentido, adquieren nuevo valor las palabras de Fernando Mujica, director de revista Extravaganza, quien comentó en entrevista para este estudio: “cuando tú me hablas de Alerce y sus bandas siento que hay libertad, libertad de hacer las cosas como ellos querían; siento que hay una opinión, hay letras, bandas de verdad con un discurso mayoritariamente social”.

 

También Pablo Márquez, periodista de radio y revista Rock & Pop, comentó en conversación con el equipo que, desde el punto de vista de los grandes medios, veía al Nuevo Rock Chileno (y bandas de esa generación noventera) como una apertura a una “realidad desconocida”, pues permitió conocer “el sonido de la calle, el sonido de la población, el sonido de los barrios más vulnerables”. A su juicio, “el gran aporte de estos grupos fue que, de alguna forma, abrieron mundos que al menos uno no conocía”, “había sonidos propios, había jerga”, “conceptos, formas de entender la vida, la sociedad”, Todo eso fue “un aporte para demostrar que también había música y buena música en esos lugares”.

 

Los Miserables, en este sentido, fue un grupo emblemático. Luego de un primer disco de elocuente nombre -¿Democracia?-, editado de modo independiente en 1991, al año siguiente firmaban contrato con el sello Alerce para publicar sus cuatro siguientes registros. Sus títulos bien dan cuenta de lo expuesto: Futuro esplendor (1992), Te mataré con amor (1994, cuya carátula presenta una bomba molotov), Sin dios ni ley (1995) y Cambian los payasos pero el circo sigue (1997). Se transformó, así, en uno de los grupos consulares del sello del árbol milenario para los años noventa.

 

Los Miserables, Te mataré con amor (Alerce, 1994), Cortesía de Alerce. Video publicado por Johnny Lagos.

 

Finalmente, lo político también se manifestó a través de la experiencia social de la música en la década. En ese sentido hubo un hecho emblemático vinculado: el 16 de diciembre de 1995 se realizó (y transmitió por televisión) un concierto en el Court Central del Estadio Nacional, donde se presentaron las bandas del proyecto Nuevo Rock Chileno. Una de las actuaciones que generó mayor efervescencia en el público fue la de Panteras Negras, especialmente al interpretar “Guerra en las calles” (Reyes de la jungla, Alerce, 1993). Al son de los versos del tema, la audiencia coreaba sin tapujos insultos a carabineros, todo emitido en directo desde la pantalla televisiva. La institución uniformada no tardó en presentar una querella por injurias, lo que significó una orden de aprehensión contra su líder, Lalo Meneses, emitida en junio de 1996. 

 

Panteras Negras, "Guerra en las calles" (Reyes de la jungla, Alerce, 1993), Cortesía de Alerce. Video publicado por rap delahuama.

 

La tensión entre música y política se  hacía patente en los nuevos tiempos, y en ello el Nuevo Rock Chileno asumió un papel protagónico.