Las tapas de casetes y discos constituyen un terreno fértil para transmitir mensajes mediante la imagen, ya sea que provengan de la banda, de artistas visuales cercanos (o no) a ésta, o que obedezcan al interés de la discográfica que los produjo, que como empresa suele entender las carátulas como ‘gancho’ y vitrina para atraer audiencias. De ahí que, durante mucho tiempo, en las carátulas se haya exhibido a las y los artistas, pues resulta estratégico que el público asocie nombre, imagen, rostros y sonido.
El caso del sello Alerce no fue la excepción en los ’70 y ’80. Según recuerda Viviana Larrea -hija del fundador, y directora de la discográfica desde 1990- su padre defendía la idea de que, en las portadas, debían aparecer los artistas, por lo menos hasta ser famosos y que el público pudiera reconocerles con facilidad. Aquello se aprecia en las producciones del Canto Nuevo, donde abundan las tapas con retratos de cultores. En otros géneros, Alerce utilizó la ilustración para evocar paisajes sureños (grupo Chamal), o culturas precolombinas (grupos Kamac Pacha Inti; Caliche; Curacas; Ortiga), todo en sintonía con el lema de “la otra música”.
Sin embargo, hacia mediados de los ’80, y de la mano con la apertura de Alerce hacia el rock y ritmos afines, paulatinamente aparecieron cubiertas que contrastaron con los tradicionales retratos y motivos usados por la compañía, tal como ocurrió con Corazón Rebelde (1985), Contagio (1987), Fulano (1987) y Compañero de Viajes (1989). Allí se percibe una suerte de transición estética, pues si bien se mantuvo el uso del retrato de músicos, ahora sus poses eran más atrevidas, estaban intervenidas con colores neón, y acudían a desgastes y brillos. Además, Corazón Rebelde incluyó en el interior de la carátula imágenes extraídas de un libro sobre la guerrilla sandinista, mientras Fulano hizo lo mismo con fotografías de los integrantes tomadas con luz y sombra en alto contraste.
![[FOTO 1] Corazón Rebelde, homónimo (1985) Tapa](https://image.jimcdn.com/app/cms/image/transf/dimension=397x10000:format=jpg/path/s739a705a82c0372c/image/i45c5846ac20cb690/version/1603838604/image.jpg)
[FOTOS 1 Y 2] Corazón Rebelde, homónimo (1985). Fotografía tapa: Juan Ángel Urruzola. Foto interior: extraído de libro sobre guerrilla sandinista, según compartió ‘Cacho’ Vásquez para este estudio. Fotografías publicadas en www.discogs.com
![[FOTO 2] Corazón Rebelde, homónimo (1985) Foto interior](https://image.jimcdn.com/app/cms/image/transf/dimension=397x10000:format=png/path/s739a705a82c0372c/image/ia85519f110aab603/version/1603838616/image.png)
Sexual Democracia también ocupó el retrato de los integrantes en Buscando chilenos (1990), sólo que la fotografía los muestra en calzoncillos, con atuendos intencionalmente ridículos (calcetines, suspensores, corbata), y en una pose graciosamente “insinuadora”. Todo sintonizando con el propio nombre de la banda y el contenido de sus canciones, una mezcla de humor e ironía con la que pretendieron quitar(se) los ropajes y tabús de los ’90, y desnudar a la sociedad chilena mostrándola tal cual era.
Ahora bien, para comprender y valorar apuestas como esa en su real envergadura, cabe aquí recordar el clima pacato y conservador de esos años de “Transición”, período en que la Iglesia, el gobierno (a través del Consejo Coordinador de Seguridad Pública, la “Oficina”), las FF.AA y de orden, y los medios de comunicación, estuvieron atentos para silenciar cualquier disidencia que amenazara el orden y los consensos. Son los años de la censura a Mauricio Redolés en televisión abierta, y de la suspensión del concierto de Iron Maiden tras reclamos de las autoridades eclesiásticas. También, los años de la infame “detención por sospecha”.
No es de extrañar entonces que, frente a esa realidad, la postura de algunas agrupaciones rock apoyadas por Alerce fuera endureciéndose, lo que también se manifestó en las imágenes que emplearon como tapa de sus álbumes.
Claro ejemplo de ello fue el grupo Los Miserables, con la tapa del álbum Pisagua 1973 (1993). Diseñada y diagramada por Ricardo Olivares (según créditos), se basó en una fotografía de los restos de detenidos desaparecidos encontrados en 1990, en el campo de exterminio que daba nombre al disco. Trabajada artísticamente con colores neón, también incorporó una dedicatoria a las víctimas del régimen y de la “pseudodemocracia”, junto con exigir castigo para los responsables.
Te mataré con amor (1994), del mismo grupo, contó con un arte de tapa ilustrado por Jaime Valbuena y diseñado por Ricardo Olivera (escrito así en los créditos). En el centro de la cubierta, el dibujo de una bomba molotov evocaba la protesta en su faceta más violenta, algo que rompía con el clima de diálogos y acuerdos que buscaba imponer la institucionalidad en los años ‘90. Debió generar más de alguna incomodidad incluso en sectores de la izquierda, más inclinados a los consensos de la Concertación que a la acción directa representada en la portada.
También Panteras Negras hizo de las carátulas otra forma de cantar lo que ocurría en las poblaciones, con vidas al límite que terminaban tras las rejas según vemos en Reyes de la jungla (1993), o haciendo necesario lucir armas y posturas desafiantes como en Atacandocalles (1995).
Los Morton, si bien menos radicales y agresivos que los anteriores, también ocuparon la cubierta de Cebators Quat’s (1995) para transmitir una imagen crítica del Chile de la Transición. Diseñada junto a Rodrigo Dueñas -con quien ya habían trabajado en Santo Remedio (1993)- mostraba un sándwich y una botella de cerveza, en cuya etiqueta se leía el nombre del grupo. Sin embargo, según reveló Keko y Pelao Morton para este estudio, el montaje incluía unas “católicas” (pastillas albicelestes usadas como estimulantes) con las que el grupo quiso representar los abusos cometidos al interior de la iglesia. También aparecieron algunos dólares con los que aludían a la corrupción; unas esposas que evocaban la cárcel; una jeringa, condones usados y chunchules podridos, todo rematado por un pan con forma de seno.
Según sus palabras, esa composición era un resumen del Chile post Dictadura, con una democracia que “llegó de a poquito”, sin cambiar mucho; una “falsa moral” inundándolo todo; y una corrupción “que estaba ahí y nadie hacía nada”. “El sándwich significa toda esa mierda”, remató Pelao Morton.
No deja de ser tragicómico que, en sintonía con ese clima, la compañía cervecera reclamara por la alusión a una de sus marcas, lo que significó intervenir la carátula con un anuncio por infracción a la ley de propiedad industrial, y luego cambiarla por otra cuyo protagonista era el mánager del grupo, en una divertida captura en contexto festivo, y re-contextualizada con tipografías orientales que sugerían algún film de artes marciales.
![[FOTO 3] Los Morton, Cebator Quat’s (1995) Primera versión](https://image.jimcdn.com/app/cms/image/transf/dimension=371x10000:format=jpg/path/s739a705a82c0372c/image/i17438c7f6fc9c4cc/version/1603838554/image.jpg)
![[FOTO 4] Los Morton, Cebator Quat’s (1995) Segunda versión](https://image.jimcdn.com/app/cms/image/transf/none/path/s739a705a82c0372c/image/i994075935656f1b6/version/1603838565/image.jpg)
[FOTOS 3 Y 4] Los Morton, Cebator Quat’s (1995). Primera versión, concepto gráfico: Los Morton, Rodrigo Dueñas. Foto carátula: Claudio Salvatierra. Segunda versión, fotografía Los Morton. Fotografías publicadas en www.memoriachilena.gob.cl y www.discogs.com, respectivamente.
Algo de ese sentido del humor también lo podemos encontrar en Chancho en Piedra, banda que cultivó una especie de “criollismo” en posdictadura, enfatizando elementos que a su juicio eran característicos del chileno promedio, desde cierto ángulo ‘popular’ y cómico. La carátula de Peor es mascar lauchas (1995), con fotografía y diseño del bajista Felipe Ilabaca, tomó como referencia los clásicos afiches publicitarios de Godzilla, observándose una estampida de personas ante el avance del “Chancho Juanito”, alcancía que se transformaría en la mascota de la banda.
Según señaló Toño en entrevista para esta investigación, la idea a transmitir era que Chancho en Piedra estaba arrasando, y para darle vida fueron los propios músicos y sus amigos quienes realizaron la escena cerca de la casa del baterista, paradero 20 de la Gran Avenida (La Cisterna). Posteriormente montaron otros elementos al collage, como una torre Entel y un anuncio del Metro, lo que contextualizó la escena a nivel capitalino.
[FOTO 5] Chancho en Piedra, Peor es mascar lauchas (1995). Diseño y fotografía: Felipe Ilabaca. Fotografía publicada en www.discogs.com
![[FOTO 6] La Floripondio, La manda del ladrón de Melipilla (1995)](https://image.jimcdn.com/app/cms/image/transf/dimension=397x10000:format=jpg/path/s739a705a82c0372c/image/i941dbb0ca6269092/version/1603845865/image.jpg)
[FOTO 6] La Floripondio, La manda del ladrón de Melipilla (1995). Cuadro portada: “La manda del ladrón de Melipilla”, de Mario ‘Paté’ Ibarra. Diseño y diagramación carátula: Macha y Wolfy Demuth. Fotografía: Maruja Soto. Fotografía publicada en www.discogs.com
Finalmente, el grupo La Floripondio buscó deliberadamente descolocar a su audiencia con la imagen, al igual como hacía con sus experimentales composiciones musicales. Por eso escogieron como cubierta de su segunda producción -y primera con Alerce- un cuadro del reconocido artista plástico porteño Mario ‘Paté’ Ibarra, titulado “La manda del ladrón de Melipilla”, nombre que dieron también a la placa. De acuerdo a Fritz, baterista de la banda, no hubo interés en transmitir mensajes ni simbolismos de ningún tipo, sino sólo el gusto por esa pintura y el deseo de dejar perplejo a quien la viera en la tapa del disco.
Cabe subrayar que, según diversos testimonios conseguidos para esta investigación, en Alerce defendieron y estimularon la creatividad e iniciativa de las y los artistas, evitando la imposición de líneas editoriales, artísticas o conceptuales que impidieran su natural florecer. Tal flexibilidad y acogida con las ideas de las bandas, favoreció sin duda la publicación de álbumes cuyos sonidos, versos e imágenes, nos permiten conocer parte de la historia reciente de Chile, si se los sabe escuchar y observar con atención.
