
Probablemente, el sello Alerce sea reconocido por su trabajo en los ’80 con artistas de la Nueva Canción Chilena, el Canto Nuevo y la Nueva Trova, y tal vez con propuestas más cercanas a la fusión, como la ofrecida por el grupo Congreso.
No es igualmente conocida la historia tejida entre esa discográfica y el rock, pese a que hubo experiencias sumamente interesantes en esa línea. Una de ellas fue el proyecto “Nuevo Rock Chileno”, iniciado hacia el último tramo de 1995, y que tuvo como hito de lanzamiento un legendario concierto celebrado el 16 de diciembre en el Court Central del Estadio Nacional, donde se presentaron las bandas que lo integraron: La Pozze Latina, Los Morton, Chancho en Piedra, La Floripondio, Malcorazón, Los Miserables, Ludwig Band y Panteras Negras.
Cada una trabajó períodos de distinta duración con Alerce, resultando complejo incluso para les involucrades identificar un cierre formal del proyecto. Aún así, pareciera que 1997 marcó un último momento de conexión sistemática. Incluyó el trabajo de producción de discos, su promoción en los medios, y la distribución en los puntos de venta. Para ello, contó con el respaldo financiero de Sony, multinacional con la que firmó una inédita alianza, en un contexto marcado por la fuerte competencia con otras discográficas, como BMG (mediante su filial “Culebra”) y EMI.
Ese acercamiento entre Alerce y rock, sin embargo, no era del todo nuevo. Ya en 1985 había editado el primer álbum de Corazón Rebelde (banda post punk formada por tres hermanos hijos de chilenos exiliados en Francia, y un joven franco-tunecino), y luego los trabajos de Congreso, Fulano y Compañero de Viajes, además de distribuir el primer casete del grupo De Kiruza. No era “rock” en sentido clásico y estricto, sino un sonido volcado a la fusión de estilos, y un discurso reflexivo y crítico con la realidad instalada por el régimen.

El fin de la Dictadura coincidió con la muerte de Ricardo García, director del sello y uno de los principales interesados en esos sonidos de vanguardia al interior de Alerce. La dirección del sello fue entonces asumida por su hija, Viviana Larrea, quien primero trabajó con Carlos Necochea (ex Curacas), y desde 1992 junto a Amaro Labra (integrante de Sol y Lluvia) y Claudio Gutiérrez, este último un amplio conocedor del circuito rockero subterráneo, gracias a su labor produciendo programas radiales dedicados a ese segmento, y a su cercanía con algunas de las bandas que componían dicha escena. A juicio de Viviana Larrea, su llegada habría sido clave en la formulación de iniciativas tendientes a fortalecer el rock dentro de Alerce.
Todo esto en el contexto de cambios más amplio que supuso el fin de la Dictadura, y que invitaba a realizar una actualización del sello, junto al fichaje de bandas que encarnaran el espíritu de “la otra música”, pero ahora en medio de una democracia que no terminaba de convencer.
Un primer impulso en esta etapa se verificó recién iniciada la década, con la producción y publicación de los clásicos Sol y Medianoche, y de proyectos más recientes como Sexual Democracia, Profetas y Frenéticos, Los Tres, De Kiruza y Joe Vasconcellos. Luego, entre 1992 y 1993, levantó el slogan “Un compromiso con el rock chileno”, bajo el cual produjo a Los Miserables, BBS Paranoicos, Panteras Negras y La Pozze Latina, además de distribuir el primer álbum de Fiskales ad Hok.

Otras señales fueron el disco compilatorio y su gira comunal El sonido de los suburbios (1993); la antología El verdadero rock chileno. Lo mejor de los ’90 (1994), donde apareció Ludwig Band; el compilado doble Clásicos del punk chileno (1994); y la publicación al año siguiente de Rock chileno. Una década 1985-1995 (1995). En estos dos últimos casos, destaca la inclusión de agrupaciones punk que casi no habían tenido difusión, como Anarquía, Los KK, Ocho Bolas y Caos.
Hacia ese mismo año se fue definiendo el catálogo de bandas que se proyectaría como “Nuevo Rock Chileno”, con la salida de BBS Paranoicos -y del grupo Santiago, que también se había acercado a Alerce- y la incorporación de Chancho en Piedra, Los Morton, La Floripondio y MalCorazón. Junto a Los Miserables, Panteras Negras y Ludwig Band, constituyeron un verdadero frente musical en los años de la Transición.
